
El término Halloween procede de «All Hallows’ Eve», mientras que la festividad hunde sus raíces en la tradición celta, con aportaciones romanas y cristianas.
La festividad de Halloween se origina en la antigua tradición celta de Samhain, que marcaba el final del verano y el inicio del invierno. Los celtas creían que en la víspera de Samhain, el límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía difuso, permitiendo que los espíritus y las criaturas sobrenaturales vagaran por la Tierra.
La conquista romana de las tierras celtas a partir del siglo II a.C. produjo la mezcla de festividades romanas, como la celebración de Feralia (dedicada a los muertos) y la festividad de Pomona (dedicada a la diosa de los árboles frutales) con las tradiciones celtas influyendo en las costumbres de Halloween.
A partir del siglo VII d.C. la Iglesia Cristiana intentó cristianizar las festividades celtas, y el 1 de noviembre se convirtió en el Día de Todos los Santos (All Saints’ Day) para honrar a los santos. La víspera de esta festividad, el 31 de octubre, se llamó «All Hallows’ Eve,» que más tarde se abrevió a Halloween.
Con el descubrimiento de América la celebración de Halloween llegó a América a través de los colonizadores europeos, especialmente los irlandeses. Con el paso de los siglos, las tradiciones se mezclaron y evolucionaron, incorporando elementos de diversas culturas.
En nuestros días, Halloween se ha convertido en una festividad popular en la que las personas se disfrazan, tallan calabazas (jack-o’-lanterns), decoran sus hogares, realizan regalos y participan en actividades relacionadas con lo paranormal y lo macabro, como casas embrujadas y la búsqueda de golosinas (trick-or-treating).
Aunque ha evolucionado a lo largo de los años, aún conserva conexiones con sus raíces históricas.
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